Perimenopausia
Síndrome genitourinario de la menopausia: qué es y qué aporta la kinesiología
Sequedad, molestias, urgencia urinaria: el síndrome genitourinario de la menopausia es frecuente. Qué dice la evidencia sobre el rol del trabajo del suelo pélvico.
El síndrome genitourinario de la menopausia (SGM) es un nombre relativamente reciente para un conjunto de síntomas muy comunes en esta etapa. Agrupa molestias de la zona genital, sexual y urinaria que muchas mujeres viven en silencio, sin saber que tienen un nombre y, sobre todo, sin saber que hay maneras de abordarlas.
Qué incluye el SGM
El síndrome genitourinario reúne varios síntomas que comparten un mismo trasfondo: los cambios en los tejidos genitourinarios durante la menopausia. Entre los más frecuentes están:
- Sequedad, ardor o irritación vaginal.
- Molestia o dolor en las relaciones sexuales.
- Urgencia urinaria, mayor frecuencia para orinar o infecciones urinarias a repetición.
Es importante entender que estos síntomas suelen ser progresivos y, a diferencia de los sofocos, no tienden a mejorar solos con el tiempo. Por eso vale la pena consultarlos.
Dónde termina lo médico y empieza lo kinésico
Una parte del manejo del SGM es médica y no se aborda desde la kinesiología: las terapias locales (como los estrógenos vaginales) y otras decisiones farmacológicas las indica y supervisa tu médica o médico, según tu situación particular. Eso queda fuera de nuestro campo.
Lo que sí compete a la kinesiología es el componente muscular y funcional del suelo pélvico, que también participa en varios de estos síntomas. Y ahí hay evidencia que vale la pena conocer.
Lo que muestra la investigación
Un estudio publicado en Climacteric (2020) documentó que el entrenamiento de la musculatura del suelo pélvico mejora el flujo sanguíneo en los tejidos vulvovaginales, la capacidad de relajación del músculo y la elasticidad de los tejidos en mujeres posmenopáusicas con SGM e incontinencia. Es decir, el trabajo muscular actúa sobre mecanismos físicos concretos: circulación, relajación y elasticidad.
A su vez, una revisión sistemática y metaanálisis publicado en 2024 evaluó el efecto del entrenamiento del suelo pélvico sobre la calidad de vida en mujeres posmenopáusicas con síndrome genitourinario, sumando evidencia a favor de incluir este abordaje. Conviene leer estos resultados con prudencia —la investigación en este campo todavía está creciendo—, pero la dirección es alentadora y coherente.
Qué puede aportar el trabajo del suelo pélvico
- Mejorar la conciencia y el control de la zona, lo que ayuda especialmente cuando hay exceso de tensión muscular que genera dolor.
- Trabajar la relajación, no solo la fuerza: en el dolor con las relaciones, muchas veces el problema es una musculatura demasiado tensa, no débil.
- Abordar el componente urinario (urgencia, frecuencia) desde la reeducación funcional.
- Acompañar el abordaje médico, sin reemplazarlo.
Una nota importante
El SGM es muy frecuente y, sin embargo, poco hablado. Muchas mujeres asumen que la sequedad o las molestias sexuales son “lo que toca” en esta etapa. No tiene por qué ser así. Lo más útil suele ser un abordaje combinado: la parte médica con tu profesional tratante, y la parte funcional y muscular con kinesiología.
Este contenido es informativo y no reemplaza una consulta profesional.
Fuentes citadas
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