Perimenopausia

Incontinencia urinaria en la menopausia: frecuente, pero tratable

Las pérdidas de orina son más comunes en la menopausia, pero la evidencia muestra que el entrenamiento del suelo pélvico funciona como primera línea de tratamiento.

Las pérdidas de orina se vuelven más comunes a medida que avanza la menopausia. Tanto, que muchas mujeres las asumen como parte inevitable de envejecer. La evidencia dice otra cosa: son frecuentes, sí, pero responden muy bien al tratamiento conservador.

Por qué aparece o empeora en esta etapa

La incontinencia urinaria de esfuerzo es la pérdida de orina al toser, reír, estornudar, saltar o levantar peso. Ocurre cuando la presión dentro del abdomen supera la capacidad de cierre del sistema. En la menopausia, los cambios en los tejidos pélvicos —menos elasticidad, menor riego— pueden sumarse a factores previos como partos, años de esfuerzos repetidos o cambios de peso. El resultado es que un mecanismo que antes compensaba bien empieza a fallar.

Existe también la incontinencia de urgencia (esas ganas imperiosas y repentinas de orinar) y las formas mixtas. Distinguir qué tipo predomina es parte de la valoración, porque el abordaje no es idéntico.

La evidencia: el entrenamiento funciona

Una revisión sistemática y metaanálisis publicado en European Journal of Obstetrics & Gynecology and Reproductive Biology (2025) analizó el efecto del entrenamiento de la musculatura del suelo pélvico en mujeres posmenopáusicas con incontinencia urinaria. El resultado fue contundente: las mujeres que recibieron este entrenamiento tuvieron un 92% de probabilidad de mejora significativa frente a quienes no lo recibieron.

Por eso las sociedades clínicas coinciden en que el tratamiento conservador —y dentro de él, el entrenamiento del suelo pélvico— es la primera línea recomendada antes de pensar en opciones más invasivas. Es decir: lo primero que conviene intentar es el trabajo muscular bien guiado.

No es solo “hacer Kegels”

Un error común es lanzarse a “apretar” sin valoración previa. El entrenamiento eficaz no es solo contraer fuerte: implica aprender a activar el músculo correcto, en el momento correcto, con la intensidad correcta, y a relajarlo después. Hay mujeres que tienen poca fuerza, pero otras tienen exceso de tensión o mala coordinación, y en esos casos “hacer más Kegels” no soluciona y puede frustrar.

La investigación sugiere que los programas eficaces suelen sostenerse varias semanas, con sesiones regulares a lo largo de la semana. La constancia es la que produce los cambios, no los esfuerzos aislados.

Qué esperar de un proceso kinésico

  • Una valoración inicial para entender qué tipo de incontinencia tienes y cómo está tu musculatura.
  • Un plan individualizado y progresivo, no una rutina genérica.
  • Educación en hábitos: cómo gestionar la presión abdominal en el día a día, ajustes en la ingesta de líquidos irritantes, manejo de la urgencia.
  • Paciencia y seguimiento: los resultados llegan con semanas de trabajo sostenido.

Cuándo consultar

Si las pérdidas afectan tu vida diaria, te hacen evitar reír, saltar o ejercitarte, o usas protección “por las dudas”, vale la pena consultar. Y si aparece dolor, sangre en la orina o síntomas nuevos y bruscos, eso requiere evaluación médica para descartar otras causas.

Frecuente no significa que tengas que vivir con ello. Hay un camino, y empieza por pedir ayuda.

Este contenido es informativo y no reemplaza una consulta profesional.

Fuentes citadas

  1. pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
  2. ejog.org

Atención personalizada · 1:1

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